03 de enero de 2017

Una fiesta sin agua ni ventiladores, y plagada de dealers de drogas

Jóvenes que concurrieron a la rave de Arroyo Seco remarcaron la gran desorganización que reinó en la fiesta. Entrar costaba hasta 2 mil pesos

“¿Querés rolla? Tengo Warner Bros, Fantasma Azul o Coca Cola”, ofrece un muchacho dentro del boliche. La pastilla hará alucinar o podrá desatar una tragedia, como la que ocurrió la madrugada del 1º de enero en la fiesta electrónica en el complejo Punta Stage de Arroyo seco. De acuerdo al relato de jóvenes que concurrieron al evento, cuya entrada oscilaba entre los 300 y los 2.000 pesos, la droga era ofrecida por dealers en el marco de un evento en el que reinó la desorganización, el hacinamiento, la falta de agua en los baños para forzar la compra de botellitas a 80 pesos y hasta el corte a propósito de los ventiladores. “A esta chica no la mató la droga sino la negligencia de la producción”, indicó Exequiel, un joven rosarino de 27 años que estuvo en la fiesta en la que falleció Giuliana Maldovan. Como él, varios asistentes a la rave en la que tocó el prestigioso DJ internacional Sasha dejaron al descubierto testimonios similares a la tragedia de Time Warp, en Costa Salguero. Empujones, hacinamiento, caos al ingresar, poco o nulo control de los organizadores, escasez o falta de agua para hidratarse, dispensers “escondidos”, canillas del baño rotas y hasta el corte de los ventiladores en el interior del salón. La fiesta se había promocionado con al menos un mes de anticipación. Por ello, quienes compraron los tickets pagaron en la preventa entre 300 a 500 pesos. Para acceder al VIP, las entradas treparon a unos 2.000 pesos por persona. Pero lo que se anunciaba como un eslabón más del tour de Sasha por distintas ciudades de Latinoamérica (el 30 de diciembre tocó en Mendoza, pasó por Rosario el sábado y el domingo estuvo en Punta del Este) fue un escenario caótico para los amantes de la música electrónica. Hasta allí llegó Exequiel con unos amigos en su vehículo. Ya con el embotellamiento que se produjo por la autopista a Buenos Aires tuvo un mal presagio. Luego recorrió 10 kilómetros a paso de hombre para ingresar al boliche, donde cuatro patovicas controlaban el acceso de miles de personas. Como era de suponer, la presión de la gente volteó las vallas y en la hecatombe ingresaron muchos sin mostrar la entrada. “Cuando el disturbio se calmó, los patovicas te sacaban todo el ticket y se comentaba que los revendían”, agrega. Alucinar por 300 pesos Ya dentro del boliche, el joven de 27 años naturalizó el consumo de drogas, “como en cualquier lugar a la noche”. “Y sí, abundaba. Te la ofrecían cada 5 minutos. Era éxtasis, pastillitas de colores. Es sencillo, te preguntan si querés rolla”, le contó a LaCapital. La oferta era variada: Coca Cola, Warner Bros, Fantasma Azul. Por cada dosis se pagaban entre 300 y 500 pesos. “Todo el mundo sabe qué tipo de pastilla te encontrás en estas fiesta y siempre se rumorea que los que organizan tienen sus dealers”, resaltó el joven. Pero el tema no se agota en la oferta de alucinógenos, los que los usuarios pueden llevar consigo o comprar en el lugar. El testimonio asegura que durante la agobiante noche de calor, en el interior del salón se apagaban los ventiladores para que el público comprara agua en botellitas por las que se pagaban 80 pesos la unidad, y encima no estaban frías. “Y los dispensers estaban escondidos detrás de una barra, sin información de cómo encontrarlos. La gente se desesperaba y se armaban colas eternas para comprar agua”, apuntó. Otro punto álgido de la noche llegó con la lluvia en plena madrugada. Quienes estaban al aire libre se apretujaron al interior de la disco. “A una barra de tragos se le vino el toldo lleno de agua encima y en medio de cables, pudo haber sido un desastre aún peor”, recordó el joven. También aseguró que en el boliche había un sólo baño con las canillas defectuosas y 5 baños químicos. “Droga hay en todos lados. Esta generación de pibes de 20 años no sabe los efectos del éxtasis. La solución es informar y prevenir, en vez de prohibir”, concluyó Exequiel. En combi Florencia es otra rosarina que estuvo en la rave. Fue con su novio en una combi que los recogió en Córdoba y Circunvalación. Pagaron 500 pesos la entrada cada uno más otros 150 por el traslado ida y vuelta. Como ellos, otros partieron en colectivo desde la plaza Sarmiento. Ella también narró un escenario de empujones, hacinamiento y un ingreso descontrolado a Punta Stage. En plena madrugada, y con desmayos incluidos. “Había unos dispenser con agua, pero a la media hora no tenían más líquido. Para tomar un trago había que esperar 45 minutos, bebidas calientes sin hielo y pocas cajas en la barra. En el boliche era todo empujones, algo que empeoró cuando empezó a llover”, narró Florencia. A su entender, “la falla estuvo en la organización. Poca seguridad, pocas ambulancias, el problema no es la música electrónica, por más que haya gente drogada, acá el tema está en la producción”, indicó. Otros testimonios también apuntaron a una presunta complicidad entre los organizadores y los dealers de pastillas. Y hasta algunos recuerdan una pelea entre bandas a la salida del boliche que motivó la intervención policial. Algo es seguro, todo confluyó para desatar la tragedia y una chica de 20 años perdió la vida.

Deja un comentario