02 de octubre de 2016

Un cáncer de sangre y médula lento pero peligroso

La leucemia linfocítica crónica afecta a 5 de cada 100 mil habitantes. Quiénes pueden
enfermarse. Las nuevas alternativas terapéuticas. Los síntomas que hay que tener en cuenta

La leucemia linfocítica crónica es un cáncer de avance lento en la médula ósea y la sangre que se produce porque los linfocitos (un tipo de glóbulos blancos) enferman y se multiplican en forma anormal. Esta clase de leucemia se origina en las células hematopoyéticas de la médula ósea y tiene algunos síntomas típicos: fiebre, sudores nocturnos, cansancio que persiste, infecciones frecuentes, dolores en huesos y articulaciones, comezón o erupción en la piel, nódulos inflamados en el cuello, axilas o ingle. Pero muchas veces no hay señales y se detecta por medio de exámenes de sangre que una persona se hace por otras razones, por ejemplo, un hemograma para un chequeo general.   Aunque hubo avances en las últimas décadas en relación a la detección y los tratamientos, la búsqueda de terapias más eficaces sigue siendo un desafío. De eso se habló largamente la semana pasada en San Pablo, Brasil, donde se desarrolló el 2º Encuentro Iberoamericano sobre Leucemia Linfocítica Crónica (Ibam por sus siglas en inglés) al que asistieron oncohematólogos y otros profesionales vinculados al tratamiento de esta enfermedad. Allí se presentaron nuevos fármacos para enfrentarla y mejorar así la calidad y la expectativa de vida de las personas con este diagnóstico.   Hay tres tipos principales de cáncer de sangre: leucemia, linfoma y mieloma. Y entre las leucemias hay cuatro que son las más frecuentes: la leucemia linfocítica crónica (30%), la leucemia mieloide aguda (36%), la leucemia linfoblástica aguda (11,5%) y la leucemia mieloide crónica (11,5%).   La leucemia linfocítica crónica es una de las más comunes en los adultos y suele afectar sobre todo a personas mayores. Como es de carácter crónico requiere de un tratamiento para poder sobrellevarse. “Debemos evaluar a cada paciente y elegir la mejor opción terapéutica para su bienestar. De allí que encontrar el camino a seguir sea tan relevante”, expresó Carlos Chiattone, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de Santa Casa de Sao Paulo, coordinador del Centro de Linfoma del Hospital Samaritano, un reconocido profesional en Latinoamérica en el abordaje de las leucemias.   El médico señaló que los tratamientos posibles para controlar la leucemia linfocítica crónica son: observación y seguimiento del paciente; quimioterapia; inmunoterapia; terapia dirigida y trasplante de médula ósea.   El tratamiento —se explicó durante el encuentro iberoamericano— puede lograr la remisión pero muchas veces con el tiempo genera recaídas. Y entonces los períodos de remisión suelen ser cada vez más cortos.   Además quienes tienen leucemia linfocítica crónica pueden tener determinadas mutaciones genéticas que suelen provocar un avance repentino de la enfermedad y un mal pronóstico.   Actualmente, destacaron los profesionales, es posible determinar en laboratorio si el paciente tiene algunas de estas mutaciones que precipitan el desarrollo de la leucemia.   La calidad de vida se ve afectada tanto por el impacto físico de la enfermedad como por los efectos de las terapias y también el golpe emocional. Marula Steagall, una paciente con un tipo particular de problemas en la sangre, presidenta de la Asociación Brasilera de Linfoma y Leucemia, dijo durante el encuentro que “toda persona que recibe un diagnóstico de una enfermedad compleja necesita el apoyo familiar y social, y aunque se aprende a vivir con lo que a uno le toca son muchas las complicaciones y los dolores que se pueden evitar. Por eso las redes de pacientes son tan importantes. Además, somos los que podemos ejercer alguna presión para que los medicamentos lleguen a todos los que los precisan”. “En lo personal quiero ayudar porque yo me beneficié con la innovación científica. Sin el acceso a los tratamientos, hoy no estaría acá”, enfatizó con emoción.En LatinoaméricaLa problemática que representa el cáncer en general para Latinoamérica, donde hay altos niveles de pobreza, fue otro de los ejes del encuentro de San Pablo. Diagnóstico, tratamiento personalizado, seguimiento y contención emocional son indispensables para que una persona con cáncer pueda encarar esta lucha en mejores condiciones, y en los países en vías de desarrollo el desafío es descomunal, sobre todo en el sector público de la salud.   El acceso a los medicamentos es una de las grandes trabas. Porque hay avances, pero no siempre llegan a quienes más los necesitan.   Manuel Uribe, director médico de Abbvie Brasil (que promovió el encuentro en San Pablo), y uno de los impulsores del área de oncología en esta farmacéutica, destacó el compromiso de la empresa en este sentido. “Los científicos que trabajan con nosotros en todo el mundo están analizando 13 nuevos compuestos moleculares para tratar diversos tipos de cáncer y tumores dentro de 190 estudios clínicos continuos. Además de apostar a la investigación encaramos un proceso en el cual el acceso a los fármacos tiene un rol central. Ayudar al paciente a tener la medicación es una de nuestras misiones”, remarcó.   Las terapias para tratar el cáncer son cada vez más selectivas y personalizadas. Esa especificidad, que se busca con el fin de eliminar las células cancerosas sin dañar las sanas, implica desarrollos muy costosos en medicamentos que se traducen en el precio final.   Al respecto, Chiattone agregó: “Tenemos que discutir cómo vamos a introducir estos avances en los países empobrecidos de Latinoamérica. Hoy una terapia de cuarta generación para la leucemia, como la que se está presentando en estas jornadas, cuesta 121 mil dólares al año y es de uso continuo. No hay nadie que la pueda pagar, por eso depende de los esfuerzos conjuntos el hecho de planear estrategias para que el acceso sea una realidad”.   ”En Latinoamérica tenemos todos las mismas dificultades. Argentina, Brasil, Perú, Chile no son Europa o Estados Unidos. Por eso es fundamental la unión de los especialistas latinoamericanos, la integración”, enfatizó el médico.   ”En estos países el diagnóstico se hace tarde, cuando el paciente ya tiene una enfermedad avanzada. Un tercio de todos los pacientes diagnosticados con cáncer muere a los cinco años. El 80% de los pacientes con tumores metastásicos muere”, mencionó Chiattone, mostrando el complejo panorama.   ”Además no basta con curar la enfermedad sino que tenemos que mejorar la calidad de vida de estas personas”, exclamó.   Las terapias de última generación presentadas en San Pablo (que ya fueron aprobadas en la Argentina) apuntan a darles a los pacientes con leucemia linfocítica crónica nuevas esperanzas. Son tratamientos dirigidos a las mutaciones genéticas o anomalías cromosómicas que se dan en el 80% de estos pacientes y que están relacionadas con pronósticos más desfavorables. “Es sumamente importante conocer si en un paciente con este tipo de leucemia existen estas variaciones genéticas asociadas a un peor futuro. Los laboratorios están colaborando en los análisis genéticos que se deben realizar para saber qué mutación tiene cada persona. Conocer si un paciente tiene una mutación genética al momento del diagnóstico, y en cada recidiva, puede ayudar a determinar el enfoque apropiado para ayudarlo. No es poco”.

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