07 de diciembre de 2016

Ringo, la pelea inolvidable

Se cumplen hoy 46 años del emblemático combate que sostuvieron Bonavena y Alí, en la que el argentino inscribió su nombre en la historia grande del boxeo mundial

Se cumplen hoy 46 años del emblemático combate que sostuvieron Bonavena y Alí, en la que el argentino inscribió su nombre en la historia grande del boxeo mundial
Isidro era un apasionado del boxeo. Siempre que había una pelea en la televisión, diagramaba su noche acorde a ello. Y hasta eludía compromisos sociales para poder disfrutar. Por eso se convirtió en un historiador urbano sobre boxeadores y combates. Sus relatos ponían en valor a la técnica y al coraje. Pero no era partidario de aquellos púgiles extrovertidos que tenían a la petulancia verbal como una característica. Es más, los cuestionaba. Por eso le narraba con fervor a su hijo las peleas de Gregorio Peralta con Oscar Bonavena, en las que siempre estuvo a favor de Goyo, porque la ampulosa verborragia de Ringo le generaba una marcada antipatía. Pero un día eso cambió. Y fue en la previa del combate que el de Parque Patricios sostendría con Muhammad Alí en el Madison Square Garden. Ese día, el 7 de diciembre de 1970, él se sentó frente al televisor con mucho tiempo de antelación para no perderse nada de la velada que transmitía Canal 7. Fue una noche tan larga como tensa. La argentinidad al palo lo llevó a ponerse nervioso por un bocón al que siempre había cuestionado. Pero si de bocones se trataba, él prefería al propio antes que al yanqui. Porque más allá de su descendencia italiana había una cuestión ideológica que gravitaba también. Por eso la emoción lo llevó a pararse, como tantos argentinos, cuando vio que Cassius Clay clavaba una rodilla en la lona un golpe preciso de un desordenado Bonavena. Y saltó cuando en el mismo noveno round dejó vacilante al enorme rival. “No podía creer que el dueño de la técnica y de una capacidad de movimientos de piernas admirable por ser peso pesado sucumbiera ante dos trompazos de Ringo”, repitió sistemáticamente cuando en diferentes circunstancias hablaba de esa pelea. Es que por unos segundos muchos pensaron que las utopías tenían fecha de vencimiento, y que el desfachatado hincha de Huracán podría tocar el cielo con las manos. Pero no. La historia fue otra, con un final diferente.
Alí encontró en el decimoquinto round el desenlace lógico con las tres caídas del rebelde Bonavena. Con algunas transgresiones al reglamento por parte del estadounidense Y así Isidro compartió la impotencia de un país que ese día vio perder a un Ringo, que paradójicamente en esa derrota tuvo una gran victoria, porque inscribió su nombre en la historia grande del boxeo.
Y también con esa pelea, de la que hoy se cumplen 46 años, Bonavena produjo un cambio de opinión en muchos que, más allá de que no le tenían simpatía por su estilo fanfarrón, no alcanzaban a dimensionar sus condiciones como púgil. Pero tras ese desafío sí lo hicieron, porque comprobaron que su hidalguía se sustentaba en su potencia y resistencia. Es decir que lo que vociferaba con palabras grandilocuentes lo sostenía con todo el cuerpo, más allá de la técnica ausente y de su indisciplina permanente.
Mucho se ha escrito de Bonavena, es más, el notable periodista Ezequiel Fernández Moores publicó el excelente libro “Díganme Ringo”, en el que hace una ajustada reseña sobre la vida de este boxeador que desafió todos los riesgos, hasta que uno de ellos le marcó el límite a los 33 años, cuando fue asesinado en mayo de 1976 en la puerta de un prostíbulo de Reno, Nevada, cuando ya programaba su retorno a la Argentina.
Y con el fallecimiento de Muhammad Alí hace seis meses, ya no están los protagonistas de esa pelea emblemática que hoy cumple 46 años y que constituye un capítulo importante del boxeo argentino.
Incluso, el propio Goyo Peralta recordó ese combate durante una entrevista que le concedió a este diario hace más de 16 años, a la que concurrió con un saco legendario colmado por pines a través de los cuales reflejaba su amor a Evita, Perón y al boxeo. “Cómo no recordar la pelea que hicimos con Bonavena en setiembre de 1965 en el Luna Park, donde había gente por todos lados. Y cómo olvidar la pelea que hizo él con Alí, que la vio todo el mundo por televisión”, dijo Goyo, un año antes de morir en el Hospital Italiano a los 66 años.
Y se continúa hablando y recordando. Pasaron 46 años y la pelea sigue guardada en la memoria. “Nunca se olvidará la gente de aquella noche. No tengo dudas. Estábamos todos frente al televisor. Los que trabajaban hasta la nochecita se volvieron rápido a sus casas para no perderse la pelea de Bonavena. Las calles quedaron desiertas, como cuando se jugó la final del Mundial de México 86 y la semifinal con Italia en el 90”, contaba Isidro con la ilusión de que ese suceso deportivo no quede en el olvido cuando las generaciones que lo vivieron ya no tengan testigos para narrarlo.
Isidro también partió en enero de 2013 y se llevó su pasión por el boxeo en su valija. Pero antes dejó una garantía para que el recuerdo de la pelea entre Ringo y Alí siga vigente. Y esa garantía fue el relato a su hijo para que la cuente. Y su hijo es quien esto escribe.

Deja un comentario