18 de febrero de 2017

Que alguien le avise al futuro que no venga

Los directivos del fútbol argentino lejos de corregir con proyectos el desastre que hicieron en los últimos años se ponen de acuerdo sólo para garantizar su continuidad en el poder.

Cuando Tomás Moro escribió su obra maestra Utopía, publicada en 1516, los analistas literarios de la época destacaron su ingenio e imaginación para describir la organización social, política y económica ideal de una isla ficticia, aunque también existe una corriente de opinión que sostiene que el escritor inglés se basó en algunos relatos descriptivos de aquellos expedicionarios tras estar en América y observar cómo vivían los indios.Genera satisfacción y optimismo observar la actual multiplicidad de propuestas para transformar al fútbol argentino desde lo institucional, económico, político y deportivo, como así la saludable confrontación democrática de tantas ideas para superar una profunda crisis que dejó al deporte más popular del país al borde del colapso. ¿O no?Proyectos de los más variados y planes ambiciosos son cotejados por dirigentes probos que exhiben una marcada preparación profesional, con una pétrea escala de valores que ponen a salvaguardar la honestidad intelectual y la garantía moral al servicio de cada institución de primera división y del ascenso. ¿O no? Se avizora un horizonte distintivo al constatar la producción programática por parte de los directivos para lograr un fútbol transparente, seguro, previsible, competitivo, con un compromiso interdisciplinario para optimizar el nivel en materia de seguridad, como así elevar la calidad deportiva, no sólo en la generación de jugadores sino también en lo que hace a la infraestructura. ¿O no?Sin dejar de poner en valor los diferentes compendios económicos para alcanzar el saneamiento no sólo de la Asociación del Fútbol Argentino sino también de los clubes, mediante el diseño de un reglamento oportuno y eficaz para que puedan competir e interactuar regidos por el indispensable fair play financiero. Herramienta indispensable para lograr una competencia ecuánime y equilibrada ¿O no?La toma de conciencia reflejada en cada una de las alternativas postuladas para regir el poder los próximos años permite confiar en que muy pronto los estadios, independientemente de sus capacidades, no ofrecerán riesgos edilicios ni para los futbolistas ni para los espectadores, quienes ahora sí dispondrán de las comodidades esenciales para un deporte tan convocante, no sólo para la compra de sus entradas sino también dentro de los escenarios. ¿O no?La puesta en marcha de los diferentes protocolos por parte de los distintos niveles de gobierno también le facilitaron a las potenciales autoridades de la casa rectora del fútbol, como a los eventuales dirigentes de los clubes, proponer este cambio revolucionario sustentado en el orden y el progreso, anclados en el sentido común, algo que en las últimas décadas representó una carencia a lo largo y ancho de la precariedad organizativa. ¿O no?Este nuevo contexto floreciente atravesado por la lógica obligó también a la democratización real, y no aparente por la simple emisión de un voto, de las organizaciones que forman parte del fútbol. Por eso las entidades gremiales muestran una faceta de mayor desarrollo social y reivindicativo para con los derechos de sus adherentes, dejando atrás una etapa de estancamiento y complicidad con un régimen, sustentado en el autoritarismo primero y en la precariedad después, que se sustentaba en una corrupción estructural apoyada en la informalidad de una justicia propia y de una economía en negro. ¿O no?Cómo así la creación de un tribunal de ética para sancionar a aquellos directivos que intenten traficar influencias para obtener ventajas deportivas y/o económicas, como quedó ejemplificada por unas escuchas. ¿O no?Y no. Lamentablemente la respuesta a la pregunta similar luego de cada párrafo es: “NO”. Porque el fútbol argentino sigue estancado en la mediocridad, improvisación, hipocresía, injusticia, desolación y cinismo de una gran mayoría de directivos, responsables de este estado casi terminal. Donde el consenso sólo se logra como recurso de preservación de los mismos directivos que fueron hacedores de este dislate. Hay que tener mucha capacidad de destrucción para llevar al fútbol argentino a este presente calamitoso. Ya sea con Julio Grondona antes o con sus Salieris después. Tal es así, que tras meses de confrontación y acusaciones cruzadas, los unió el espanto y ahora resolvieron elegir a un candidato a presidente de la AFA y a otro similar para una Superliga, la que aún no fueron capaces de organizar. Ni siquiera para copiar tienen ingenio. Y debieron recurrir a las necesidades políticas de un gobierno errático para encontrar los fondos que les permita arrancar, porque fueron incapaces de lograr una gestión fructífera para comercializar los derechos económicos de la actividad. Nada cambió en el fútbol argentino. Sin condiciones morales ni éticas. Sin proyectos. Sin idoneidad para desarrollar una dirección que permita resurgir de sus cenizas. El show continuará. Porque la enfermedad no está en el fútbol, sino en quienes creen dirigirlo. Artífices de una realidad que ni la capacidad de Tomás Moro hubiera alcanzado para imaginar o describir.

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