27 de diciembre de 2016

Ningún cuento chino

El gigante asiático tiene un programa que prevé ser potencia futbolística en 2020 y ganar un Mundial en 2050. Para ello
invierten cifras escalofriantes en figuras de alrededor de 30 años.

Alrededor de 420 millones de dólares invirtió China para contratar futbolistas en 2016 y amenaza con superar brutalmente esa cifra para 2017. De hecho, la transferencia de Carlos Tevez a Shanghai Shenhua ya merodea el 10 por ciento de lo gastado en la temporada pasada. La apuesta del gigante asiático es hacer crecer su liga con futbolistas de experiencia, por eso la gran mayoría de las incorporaciones son profesionales que rondan los 30 años. Y si no es así, su nombre debe tener un peso específico lo suficientemente importante para que el mundo del balompié le preste atención al fútbol chino. Angelito Di María podría transformarse en la nueva apuesta de los chinos. Entre su flojo presente en PSG y los millones que llegan desde Asia, el portugués Jorge Mendes, el agente Fifa que maneja casi todos los pases importantes del Viejo Continente, baraja la posibilidad de instalar a Fideo también en Shanghai Shenhua. En Central, agradecidos, podrían ingresar millones por derechos de formación. La cadena británica Sky Sports informó una semana antes de Navidad que Hebei Fortune evalúa ofrecer 500 millones de euros por Lionel Messi. Resulta muy difícil de creer, pero si Tevez va a recibir más de 40 millones de dólares por jugar 8 meses… En la temporada pasada, en la que el pase récord fue del brasileño Alex Teixeira, de Shakhtar Donetsk de Ucrania a Jiangsu por 54,5 millones de dólares, participaron 4 argentinos: Ezequiel Lavezzi (Hebei), Darío Conca (Shanghai Sipg), Walter Montillo (Shandong Luneng Taishan) y Emmanuel Gigliotti (Chongqing Lifan). Precisamente el ex Central Conca fue transferido en 2011 de Fluminense de Brasil a Guangzhou Evergrande y en ese año fue el futbolista mejor pago del mundo: 10 millones de dólares por temporada. Hoy ya parece una cifra pequeña y es una montaña de plata. En 2008 River se consagró campeón con el Cholo Simeone y Sebastián Abreu, que después jugaría en Central, se fue a Beitar Jerusalem de Israel y nadie entendía muy bien la decisión. Pero la respuesta del Loco fue gráfica y elocuente. “Me voy porque me tiraron con un banco de plata”. Y eso pasa hoy con el fútbol de China, manejan cifras imposibles de rechazar. Son montos verdaderamente obscenos. Daniel Angelici, el presidente de Boca, también fue didáctico además de reconocer que ni siquiera se puede sentar a evaluar una oferta del fútbol chino porque es irresistible. “Ellos les ponen muchos ceros a todo, capaz que nos vamos todos a China”, dijo. La estrategia es comandada por el gobierno y sustentada con el aporte de privados. Buscan fortalecer el fútbol de su país para volver a disputar un Mundial. El único antecedente es Corea-Japón 2002 y no podía ser otro. La explicación no es difícil. Con coreanos y japoneses fuera de la clasificación por ser países organizadores, se abrió el cupo para países asiáticos menos competitivos y ahí China encontró el resquicio. Su participación fue muy pobre. Integró el grupo C junto al posterior campeón Brasil, Costa Rica y Turquía. Perdió todos los partidos, recibió 9 goles y no convirtió ninguno. El programa de crecimiento tiene como primer paso la clasificación a Rusia 2018 y el objetivo de máxima es organizar la Copa del Mundo de 2026. Pero lo que natura no da, Salamanca no presta. China está último en las eliminatorias con dos puntos en 5 partidos, a ocho unidades de los puestos de clasificación y con sólo 5 compromisos por delante. Perdió con Corea del Sur, Siria y Uzbekistán y empató con Irán y Qatar. Convirtió apenas 2 goles y recibió 6. Desde la Fifa, el excéntrico Gianni Infantino puso sus fichas casi desde el mismo instante en que se sentó en el sillón que antes ocupaba Joseph Blatter: “Quiero ver a Asia, China y la India desarrollándose”, dijo el día de su asunción. La apuesta por esos mercados parece no tener límites, la misma característica que muestran las ofertas del gigante asiático por futbolistas de élite. El plan de China es impulsado por el presidente Xi Jinping. Antes de mitad de este año el gobierno comunista presentó un programa de trabajo en el que las proyecciones muestran a China como campeón del mundo en 2050 y campeón de Asia a más tardar en 2020. Creen factible y de hecho lo programan así, la creación de 70 mil canchas a través de 20 mil centros de entrenamiento. Calculan que para el año 2030 habrá una cancha por cada 10 mil habitantes. “El futbol se convirtió en China en una política de Estado. China puede enviar un cohete a la Luna, pero está frustrada porque no le puede ganar a Tailandia en fútbol”, manifestó Tom Byer, un formador estadounidense con muchos años de trabajo en Japón y ahora contratado por el gobierno chino. Mientras esto se escribe, Guangzhou Evergrande pone en aprietos a Barcelona con una oferta de 50 millones de euros por el turco Arda Turan y muestra crudamente cómo el poder del dinero puede empequeñecer hasta al más encumbrado. ¿Será que el fútbol chino amenaza con alterar el orden establecido del fútbol mundial? Yuanes no le faltan.

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