12 de abril de 2016

Newell’s no sólo no logra sumar de a tres, sino que perdió el poderío futbolístico

No sólo no gana, tampoco muestra síntomas de recuperación. Y eso es lo más preocupante en este presente de Newell’s. A tal punto que lo mejor que podría pasarle es que el campeonato terminara.

No sólo no gana, tampoco muestra síntomas de recuperación. Y eso es lo más preocupante en este presente de Newell’s. A tal punto que lo mejor que podría suceder a esta altura para el rojinegro es que el campeonato desapareciera, terminara para ponerle fin a este suplicio futbolístico. Hasta Diego Osella ya no sabe qué hacer para lograr que levante la cara y se convierta en al menos un rival complicado de doblegar, al menos desde el esfuerzo. Hoy sucede todo lo contrario, hasta el más debilitado se le anima. Como lo hizo el domingo Argentinos Juniors, pero también lo habían hecho Atlético de Rafaela, Tigre o Aldosivi, entre otros.

¿Hay una respuesta para explicar lo que sucede? Lo que quedó en claro es que ya no es sólo problema de entrenador o de estilo, la cuestión pasa por otro lado. Aquel bendito recambio del que siempre se habló se hizo en parte y la renovación con refuerzos no funcionó como se esperaba. Tampoco el esquema, porque ni con uno ni con otro encontró el juego que lo llevara hacia los buenos resultados. Hoy la premisa está focalizada en sumar de a tres para archivar la racha que lleva sobre el lomo el ciclo de Osella, con seis partidos, cinco empates y una derrota.

Cuando las cosas no salen es difícil levantar la autoestima. Los jugadores ingresaron en el túnel del desconcierto, con un juego debilitado, casi ausente y sin poder de reacción ante el primer obstáculo. En nombres Newell’s cuenta con un plantel poderoso, pero que no queda reflejado dentro del campo de juego y esos mismos futbolistas de elite que fueron figuras en un tiempo para nada lejano hoy les cuesta imponer sus cualidades y marcar la diferencia. Y el equipo lo siente y cualquier rival de menor valía se le anima. Hasta lo supera en juego sólo con sacrificio y entrega física, como lo hizo el Bicho el domingo en La Paternal. Un conjunto que hace trece fechas que no gana y que va de mal en peor.

"No me gustó para nada lo que hicimos. Nos deja mucha preocupación este partido. Nosotros no venimos jugando bien. En nuestras producciones se impone más la duda que los buenos momentos, esta es la realidad. No podemos salir adelante. Todo se hace cuesta arriba y no manejamos el balón independientemente de la gente que esté adentro de la cancha. No nos podemos sobreponer cuando nos superan", dijo Osella en un sincericidio importante el domingo por la noche, pintando una realidad palpable y que de ninguna manera se puede disimular.

Quizás el detalle que más puede generar cierto desasosiego es que el leproso parece entregado. Al menos esa es la imagen que se percibe. Sin alegría, más allá de que los magros resultados lo empujaron a eso. Es apático. Y encima si al peor de todos sólo lo atacó con dos remates y en el complemento (un disparo de Formica que se desvió en un defensor y otro de Boyé) entonces la lectura genera aún mayor desazón.

Dentro de este contexto crítico hay otros puntos que conducen a que aquellos juveniles que pueden ser vendibles en el futuro hoy cada vez cotizan menos. Y este no es un detalle para nada menor, porque los que tengan que conducir los destinos del club a partir del 19 de junio se van a encontrar con un plantel devaluado. Y si necesitan de una transferencia para subsistir y acomodar las cuentas, ¿a quién podrían vender?

Otra cuestión atendible tiene que ver con los referentes, aquellos mimados por el público que hoy ingresaron en el terreno de los cuestionamientos. Situaciones a las que lleva el fútbol cuando no aparece el señor resultado.

Hoy, dentro de este momento con un clima tormentoso, todo se reduce al partido clásico, al que se viene sosteniendo desde hace varias fechas. Es el único alivio que le queda por delante en un torneo para la terapia.

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