28 de diciembre de 2016

Mal año para la educación

Balance. Lo peor es que 2017 no promete nada mejor en esta materia.

El año 2016 es para la educación lo más cercano a los peores de los 90 y al 2001. Pero lo que asoma no es mejor: un Ministerio de Educación y Deportes de la Nación más preocupado por acomodar a sus amigos empresarios en lugares clave de las políticas de enseñanza (no para educar, sí para hacer negocios) que en garantizar a las infancias y juventudes su derecho a la educación. El director del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (Inet), Gabriel Sánchez Zinny, presentando el informe “Demanda de capacidades 2020” en la Fundación Libertad a principio de este año es sólo una muestra del nuevo escenario. También el convenio firmado con la Fundación Ineco que preside el neurólogo Facundo Manes, otro amigo del ministro Esteban Bullrich, por el que se crea el Laboratorio de Neurociencias y Educación, que le abre el ingreso a capacitaciones docentes para formatear al magisterio a las nuevas necesidades. Por supuesto que nada es gratis. Aunque lo más preocupante es la ideología de patologizar a las infancias y juventudes que “no aprenden”, medicándolos o sometiéndolos a tratamientos irracionales. Detrás, el negocio de los laboratorios. No hay discurso del ministro Bullrich donde el anuncio de la “revolución educativa” no esté presente, ligado a la presencia de tecnologías en las aulas. Sin embargo, este año no sólo no se entregaron nuevas computadoras (sólo un remanente de 100 mil del año pasado) sino que se desplazó la fabricación en manos nacionales de las netbooks para estudiantes, dejando abierta la posibilidad de su importación. Algo coherente con el rumbo económico de Cambiemos de destruir las economías regionales y por tanto la nacional. No es todo. Se suma el vaciamiento de programas socioeducativos clave para garantizar la enseñanza pública, como los de orquestas infantiles, ajedrez escolar, centros de actividades juveniles (CAJ) e infantiles (CAI) donde se aprende desde artes hasta música y deportes. Para asombro (léase indignación) de todos, el ministro Bullrich repite que no se cierra nada sino que estos programas se van a mejorar. Lo único que pasó en el año fueron despidos de docentes y un perverso abandono. En 2013 la Ctera firmó con el Ministerio de Educación de la Nación un acuerdo histórico: la formación docente en servicio, gratuita y continua. Un reclamo que los maestros hicieron desde siempre. El convenio se transformó en el Programa Nuestra Escuela, aunque en Santa Fe se lo bautizó como Escuela Abierta. Casi como regalo de Navidad, se conoció el cierre de trece de estas propuestas de Nuestra Escuela. El primer paso para (re)convertir (palabra que tuvo mucho éxito en los 90) esta política pública de capacitación de los educadores en un nuevo festival de cursos pagos a cargo de las universidades privadas, fundaciones y empresas afines. Más de lo que se viene para 2017. La imagen de la modelo Magui Bravi enseñando a ser una “It girl” en Tecnópolis fue uno de los tantos anticipos de cómo el macrismo piensa desplazar el pensamiento crítico por la “buena onda”, “el glamour”, “la alegría” y “la actitud” en las escuelas. Más tarde, y para que no queden dudas, el filósofo Alejandro Rozitchner, del espacio político que gobierna, lo explicitó con todas las letras cuando definió al pensamiento crítico como “un valor negativo” para los jóvenes e instó a reemplazarlo por “la alegría y el entusiasmo”. En forma paralela corren los niveles de represión a los más jóvenes, con un discurso permanente de discriminación y estigmatización hacia la pobreza y lo diferente. En esos mensajes entran el xenófobo pedido de informes del PRO a las universidades nacionales para que se expidan sobre los estudiantes extranjeros que aprenden en sus aulas. Y si la ciencia sigue en pie no es por obra del oportunista ministro Lino Barañao, y menos porque se piense en favorecerla, sino porque los científicos se plantaron firmes en sus pedidos. Una demanda para nada cerrada. Que el ministro Bullrich anuncie una nueva “Campaña del Desierto pero en esta vez en Educación”, que se defina como un “gerente de recursos humanos” o bien que invite a “formar para la incertidumbre” (donde el desafío que parece que habrá que afrontar es la falta de trabajo) es coherente con las políticas que implementa desde su gestión: la entrega de la educación pública a las corporaciones económicas. No hay que tener mucha imaginación para saber que el próximo inicio de clases será conflictivo. Bullrich no sólo no cumplió con lo acordado de sentarse en otra paritaria por sueldos y condiciones laborales con los docentes, sino que ya anunció que en 2017 no habrá paritaria nacional por salarios. Desconoce las leyes vigentes y niega a los educadores en su condición de trabajadores de la educación. Mientras el plan de entrega de la educación pública se consolida, los ministros de Educación de las provincias son convidados a firmar pactos educativos para la foto (también se hizo en los ‘90) como el de Purmamarca de febrero y el de Compromiso por la Educación de julio. En otras palabras, relegados a hacer la tarea que manda el gobierno nacional, para asegurarse que les lleguen fondos a las provincias. Santa Fe, que aspira a ser Finlandia, está en esa sintonía. Propietario: © Editorial Diario La Capital S.A. Dirección Nacional del Derecho de Autor (Expediente N° 5226063). Prohibida toda reproducción total o parcial del contenido de este diario. Las ventas de La Capital son auditadas por el IVC. Dirección, Redacción, Comercial, Circulación y Administración: Sarmiento 763. CP 2000 Rosario, provincia de Santa Fe. Teléfono: 5226000 Fax: 5226014. Fax recepción de avisos: 5226035/012. 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