17 de enero de 2017

Los antihéroes

No salieron campeones, no subieron a ningún podio, la prensa no llenó páginas con ellos. Son los “antihéroes” del deporte triunfalista, ese que propone dar la vida por un resultado.

No salieron campeones, no subieron a ningún podio, la prensa no llenó páginas con ellos. Son los “antihéroes” del deporte triunfalista, ese que propone dar la vida por un resultado. Los personajes de estas cuatro historias desde chiquitos soñaron con algo distinto, se entrenaron, sufrieron insomnio, pensaron que “esta vez sí” se les daba y se sacrificaron como los mejores, a pesar de los resultados. Por eso, desde esta página se les hace un modesto homenaje a todos los últimos, a los suplentes eternos, a los que golearon en el arco equivocado, a los muchos que quedaron en el camino. Porque cuando la historia la escriben los que ganan, se los suele llamar injustamente “perdedores”, pero también son parte de la vida deportiva y, que no le quepa duda a nadie, son muchísimos más que las estrellas.Golazos en contraEl ex jugador del Cagliari, la selección italiana y técnico del combinado femenino de su país Comunardo Niccolai cumplió 71 años el 15 de diciembre pasado. De familia antifascista, su padre lo llamó Comunardo en alusión y apoyo a los gobiernos proletarios. En la comunidad de la redonda se ganó el mote de “El anarquista del gol en contra”, por haber cosechado el privilegio de meter, en toda su carrera, 7 goles en su propio arco. Golazos que lograba hasta con potencia y suma elegancia (como el que hizo este domingo Guilherme Tinga de Bahía de Brasil ante Estudiantes). Dicen que Niccolai se vanagloriaba y decía: “Mis goles en contra son la envidia de los delanteros. Soy un creador de belleza”. En una nota en La Gazzetta dello Sport hasta eligió su mejor gol. El que había provocado en 1972, contra el Catanzaro. Su equipo ganaba 2-1 y, en el minuto 90, la pelota le cayó a Niccolai: tiro certero en su propio ángulo, un compañero puso la mano. Penal y empate. Toda la hinchada se acordó de Comunardo.En el caminoPara los futbolistas, uno de los realities más recordados de la TV argentina fue el que armó Mario Pergolini hace 15 años. “Camino a la gloria” congregó 12 mil chicos, de entre 12 y 17 años, que soñaban con llegar a ser “la figura” nacional y conseguir dos semanas de prueba en el Real Madrid. Roberto Perfumo, Pepe Basualdo, Carlos Mac Allister y Javier Castrilli integraron el jurado. El que pasó todas las etapas, no sin presión desmedida, fue Aimar Centeno, un nene de 16 años y de Agustín Roca, un pueblo de mil habitantes de la provincia de Buenos Aires donde lo conocieron siempre como “Pasuchi”. Tenía la intención de probarse en Renato Cesarini pero el destino lo llevó a Barajas. Allí aterrizó en su primer viaje en avión. La primera semana de prueba anduvo bien, pero inmediatamente se desgarró. “Se me vino todo abajo. No estaba preparado para eso. Después, volví a entrenarme, pero no fue igual: estaba muerto psicológicamente, jugué mal. Y me hicieron regresar a la Argentina”, contó el muchachito que la prensa y el mundo del futbol endiosaron y olvidaron con la misma velocidad. River lo hizo jugar en sexta, por seis meses, como volante derecho titular. Pero otra lesión lo dejó afuera de la lista de un viaje a Inglaterra y así se convirtió una vez más en jugador libre. Luego pasó por Central, Chacarita y Sarmiento de Junín. Nunca llegó a primera, aunque no colgó los botines: siguió jugando de enganche en Origone FC, el equipo de su pueblo que compite en la liga de Junín.Ultimo tranquilo“En el kilómetro 30 empezaron los calambres que no me dejaban terminar la prueba pero yo quería ser olímpico y para ser olímpico hay que terminar la prueba de 42 kilómetros. Tenía acalambrada hasta la boca, pero lo puede hacer”, dijo el entrerriano Federico Bruno, de 23 años, nacido en Concordia y el último en llegar en el maratón de los Juegos Olímpicos Río 2016. Bruno cruzó la meta luego de 2 horas, 40 minutos y 6 segundos (31 minutos y 21 segundos detrás del ganador). Llegó trotando de costado porque el dolor en los últimos siete kilómetros no le permitía llegar de frente a la meta. “En el kilómetro 35 no podía más y me quedaban aún 7 más: parecía un viejo de 100 años o peor, un viejo corre mejor, pero yo quería ser olímpico y para ser olímpico hay que terminar la prueba”. Llegó.Firmes en el bancoA 110 kilómetros de Rosario hay un presidente comunal que supo calzarse los guantes de arquero profesional. Se trata de Sergio Hugo Protti, primer mandatario de la localidad santafesina de Arteaga, de esos que no tuvieron la suerte de Sergio Goycoechea. Cualquier futbolista recuerda que el Goyco era el suplente de Nery Pumpido, tanto en River como en la selección, y que por una lesión del indiscutido titular se convertió en el guardavallas de la selección que salió subcampeona en Italia 90. Una “desgracia con suerte”, dicen por ahí. Pero la fortuna no supo jugarle así a Protti, quien se cansó de hacer banco. Debutó en la primera campeona de Rosario Central de 1987, dirigida por Angel Tulio Zof. Pero alcanzó el récord de 201 suplencias en la historia auriazul. Se fue de Arroyito a Lanús y allí jugó apenas 4 partidos en 1994. Otros que también esperaron la oportunidad de jugar como titulares bajo los cuatro palos fueron el Rifle Hernán Castellanos, también por el canalla, y Gustavo Tognarelli y Carlos Panciroli, por parte de Newell’s. Todos con unos 200 partidos en el banco. Ya con un centenar se ubicaron Nahuel Guzmán y Manuel “Melli” García, antes de consolidarse en Newell’s y Central, respectivamente (según datos estadísticos de Carlos Durhan, de La Capital). Todos tan buenos arqueros como pacientes.

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