29 de diciembre de 2016

Lo pasado, pisado

El amor a la camiseta y jugar por la gloria parecen consignas en blanco y negro. Tener más de 50 años, un pecado capital.

El amor a la camiseta y jugar por la gloria parecen consignas en blanco y negro. Tener más de 50 años, un pecado capital
Suele comentar Oscar Ruggeri que Carlos Bilardo sólo les pedía que salgan campeones del mundo, que la plata no importaba, que si ganaban el Mundial se los iba a recordar toda la vida. Se lo escuchó mucho al Cabezón hablar sobre el tema este año en el que se cumplieron 30 años del momento más importante de la historia del fútbol argentino.
“Una vez Bilardo nos dijo a nosotros antes del 86 «salgan campeones del mundo» y nosotros le decíamos «Carlos, no ganamos plata, jugamos amistosos para que se haga el predio de la AFA», porque el predio de la AFA se hizo con la plata de amistosos que jugábamos nosotros. Grondona nos daba un viático de 25 dólares y Carlos nos repetía: «¿Qué plata? Salgan campeones del mundo, que los van a recordar toda la vida» y hoy tengo que decirle que sí, que es así, que la gente en la calle te para, te abraza y los periodistas nos lo recuerdan en todos lados, más con este aniversario. Yo creo que les preguntás a los chicos que fueron dejando la selección como el Cholo Simeone, Verón, Batistuta, Caniggia, jugadores de primera línea, si no cambiarían la plata por ser campeones del mundo y te dicen que sí y la verdad es que hoy tengo que reconocer que es así”.
Diego Maradona, el capitán de aquella gesta de México 86, volvió a ofenderse con Gonzalo Higuaín porque considera que cambió a Napoli por Juventus sólo por plata. Es que el 10 tiene marcada a fuego la resistencia del sur italiano maltratado por los poderosos del norte del mismo país que hasta les dicen “norafricanos” para desprestigiarlos como si pertenecer al norte de Africa fuera un defecto vergonzante. Discriminación y xenofobia en su máxima expresión. A Juventus y Napoli no sólo los diferencia el color de la camiseta.
“Ya dije la temporada pasada que si Higuaín hizo 36 goles con Napoli fue un milagro y es algo que Aurelio de Laurentiis (principal accionista y presidente del club napolitano) supo aprovechar para venderlo porque también está dispuesto a vender a su esposa. El vio que la Juve necesitaba un delantero y se lo vendió. Creo que ese tipo de decisiones deben ser una cuestión del corazón. Yo elegí al Napoli; Higuaín, a la Juventus. Los tiempos cambiaron. Antes se elegía por la camiseta y no por el dinero”, le dijo Diego en las últimas horas a Sky Italia, mientras le preguntaban por las chances de su Napoli frente a Real Madrid en los octavos de final de la Liga de Campeones de Europa que se disputarán entre febrero y marzo.
Parecen relatos en blanco y negro. Hasta habrá quienes los tilden de resentidos como suele suceder con todo aquel que recuerda cosas de otros tiempos con añoranza.
No todo tiempo pasado fue mejor, pero sí existen parámetros, estándares, que valdría la pena reposicionar para que el negocio del fútbol se acerque al menos un poquito al sentimiento del hincha, para que no queden tan distanciados los intereses de los que están en la tribuna y los que juegan.
Hoy sucede que los futbolistas se van a la media hora, que ante la primera oferta los clubes tienen que apelar al malabarismo para sostenerlos al menos por miserables seis meses, siempre y cuando los representantes se apiaden de los clubes a cambio de un agradecimiento.
Hoy todo es efímero, los proyectos son eyectados por los intereses y en ese rubro algunos entrenadores tomaron sorpresivamente la delantera al punto de que por primera vez en años se habla más de los cambios de técnicos que de las transferencias de futbolistas.
Todo se produce a una velocidad espeluznante. Ya se escribió muchísimo al respecto, pero vale la pena recordarlo cuando aparecen personajes que se arriesgan a sacar los pies del plato antes que hacerse los distraídos para que todo pase.
“Hay un tipo que tiene siete u ocho equipos y pone a los entrenadores que él quiere. Y tiene 700 jugadores. Eso pasa en nuestro país nomás, pasa en Argentina. No voy a hacer nombres, pero hay un tipo que pone a los entrenadores y a los jugadores”, sorprendió Néstor Gorosito el martes en Fox Sports cuando era entrevistado por haber sido contratado por San Martín de San Juan para 2017.
“Lo que pasa es que como no pasa nada con nada, estamos como estamos. Yo no tengo representante y me cuesta un montón. Si necesita técnico Sacachispas aparecen cuatro nombres y si necesita Boca aparecen los mismos cuatro. Es así, desgraciadamente en el desorden triunfan estas cosas. Genera desigualdad en las chances de conseguir trabajo y también impotencia. Cuando no hacés ciertas cosas empezás a quedar afuera del sistema”, descerrajó Pipo en clara alusión al empresario Christian Bragarnik, aunque jamás lo nombró.
Y la verdad es que el flamante DT del santo verdinegro hizo una exposición bien concreta de una realidad que muchos intentan disfrazar y otros evitan difundir.
Sobran pruebas. El Tolo Gallego y Mostaza Merlo, por ejemplo, no aparecen en ninguna terna, nadie los llama. A Miguel Russo le llevó dos años volver a dirigir tras irse de Central, sólo por nombrar a entrenadores campeones. Julio Falcioni, en Banfield y con 60 años, es la excepción que confirma la regla.
“Keep calm and no pasa nada (mantén la calma y no pasa nada)”. La foto de whatsapp del empresario de moda al estilo Settimio Aloisio o Gustavo Mascardi de otros tiempos es toda una postura ante la vida.
“No hay nada contradictorio en lo que hago, salvo para la imaginación de los demás”, le dijo Bragarnik en septiembre al diario La Nación.
Imaginario o no, el mundo del fútbol tiene su costado real y crudo que corta a cuchillo las diferentes épocas.
Ya no es como antes, algunos límites se desplazaron hasta desintegrarse.
Hablar del amor a la camiseta como lo hace Diego es casi un anacronismo, jugar por la gloria como sugiere Ruggeri una utopía y tener más de 50 años sinónimo de quedar fuera de carrera como relata Pipo. Ganar fortunas en tiempo récord caiga quien caiga es la apuesta de ahora y del futuro. Cada protagonista elige qué partido jugar.

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