23 de septiembre de 2016

Juntos pero no revueltos: amor y convivencia

Diego peretti contó cómo es la adaptación de esta obra que fue un éxito de taquilla en los 70. Hoy, en la fundación astengo

La convivencia, los afectos, la dificultad para construir relaciones, las familias ensambladas, las decepciones, la posibilidad de volver a apostar. Esos son algunos de los temas que en tono de comedia romántica aborda “La chica del adiós”, la obra que se presenta hoy, a las 21, en el teatro Fundación Astengo (Mitre 754). Diego Peretti, protagonista de la puesta junto a Paola Krum, contó cómo fue la adaptación que hizo el director Claudio Tolcachir del guión escrito por Neil Simon y que fue llevado al cine en 1977 para luego transformarse en un clásico. “La chica del adiós” se presentará también mañana a las 21 y el domingo a las 20.
—¿Cuál es la vigencia de estos personajes 40 años después?
—Es un guión de Neil Simon, la adaptación estuvo a cargo de Claudio Tolcachir, que hizo la hizo muy ágil, muy contemporánea. Sintetizó varios personajes en una sola actriz que es Gipsy Bonafina, quien también toca en escena y le da cohesión. En fin, una serie de condimentos que hicieron de esta adaptación funcionara muy bien. Además hay algo que pude detectar que es el tema de las familias ensambladas. Como no es un tema trágico ni dramático ni sensacionalista no se habla mucho, pero es un fenómeno social que en las últimas dos décadas se está dando mucho y que provoca nuevas situaciones. En la obra mi personaje empieza a ejercer cierta paternidad o cierta figura paterna con respecto a la hija del personaje de Paola Krum y la aprobación o no de la hija de lo cual depende que yo siga ahí o no.
—¿Cuál es el atractivo de estos personajes?
—El personaje es encantador. Hay que guiarlo con cierta mesura para que se conserve humano y creíble y solamente siguiendo el guión o la adaptación, el personaje es simpático, tiene de todo. Es un personaje común, con el que uno se puede identificar claramente, tiene la característica de ser actor, y dentro de su profesión quiere hacer las cosas lo mejor posible, es un apasionado, y eso lo lleva a situaciones casi ridículas; la frustración de algo que le sale mal también lo lleva a autocastigarse de una manera muy normal, todo eso tratando de sostener una familia que se está armando, no sabiendo bien si lo que siente es un gran amor o qué, como le puede pasar a una persona que promedia los 40, 45 años, una segunda oportunidad. Tiene condimentos de una comedia romántica bien clásicos, pero bien escritos. El personaje de Paola Krum es de una gran femineidad, sus miedos, reparos ante la posibilidad de volver a tener una relación, un personaje que viene con una seguidilla de frustraciones muy grandes.
—La convivencia y el romance puede ser motivo para drama o para comedia, como en este caso…
—Claro, aquí se tratan los mismos problemas que pueden provocar un drama que aquí se tratan de manera graciosa, sobre todo porque recién se están conociendo. Andá a saber si estos dos tipos dentro de 10 o 15 años tienen el mismo glamour y la misma simpatía el uno por el otro en lo cotidiano.
—El amor siempre vende o seduce…
—El amor siempre vende, sí, queda un poco feo decirlo, pero, lo digo como espectador, el amor siempre vende o seduce siempre y cuando no esté edulcorado, no esté forzado. Las comedias románticas, tanto como las películas dramáticas tienen que estar bien escritas. El espectador en esta obra sabe que en esta obra los personajes van a terminar juntos por el afiche, porque conocen la historia o lo que sea, pero el tema es el camino que recorremos y la gente se deja llevar por ese camino si tiene ganas, y si no se aburre. En este caso la mayoría se deja llevar por la historia.
—Encontrás algún contacto entre los personajes de “La chica del adiós” y “Extraña pareja”, también de Simon, donde también Jack Lemmon compone a una especie de obsesivo?
—Ahí explotaban los dos en la convivencia, el personaje de Walter Matthau, un desordenado, y el de Jack Lemmon, amante del orden. En este caso hay convivencia y mi personaje es un neurótico con respecto a su profesión de actor porque el tipo viene del interior del país a la Capital Federal a estrenar “Ricardo III” con una directora con un prestigio bastante ascendente, que le pide un “Ricardo III” tratando de ser original completamente extraño, y eso a él le choca mucho; ese deseo de hacer algo único con esa obra de Shakespeare, y él comienza a enfermarse tratando de buscar ese personaje. Eso es algo muy gracioso. Pero no es un neurótico del orden, porque dentro de la convivencia es una persona bastante tranquila, salvo los ejercicios que hace cualquier actor que a la vista de una persona normal hacen creer que estamos ante un loco, pero no es algo tan raro, somos actores y sabemos las locuras que hacemos. El problema en sí mismo es que están obligados a estar bajo el mismo techo y es ahí cuando los roces son como escalones que van subiendo en la relación amorosa.
—La convivencia en este caso va por el lado de la comedia, pero con frecuencia termina en divorcio…
—En pelea… (risas), como en el caso de “Matrimonio por conveniencia”, con Gerard Depardieu y Andie McDowell, donde él tenía que obtener la ciudadanía, y ellos tienen que convivir para que el inspector venga y los vea en el mismo departamento.
—Tu personaje Rodolfo es de Rosario. ¿Le buscaste alguna seña de identidad rosarina?
—No, traté de encontrar algún tono, pero no. Es muy sutil como para mostrarlo así. Pero la estructura no hace relevante de dónde proviene el personaje. Lo hicimos rosarino porque el hecho de estrenar “Ricardo III”, en la calle Corrientes, en Buenos Aires, hace que él llegue con mucha tensión, con muchas ganas de triunfar, pero nada más que eso. Pensamos en hacerlo cordobés por esa forma tan característica que tienen los cordobeses, pero nos dimos cuenta que si bien era muy gracioso distraía del foco de atención de la historia.
—Hiciste varias comedias románticas, como “Música en espera”, “¿Quién dice que es fácil?”, “Sin hijos”, donde lo usual es el contacto directo tradicional entre dos personas, pero ¿cómo transformaron el romance la virtualidad, las redes sociales, el chat, los sitios de cita?
—Se suprimió la carta por el mail; creo que el mensaje o el chat permite un acercamiento más sutil antes del cara a cara. Con el chat te podés acercar a diferencia del llamado telefónico, cómo le digo, si me contesta, si quedo pagando. Esas son las relaciones que terminan románticamente. Después está lo mismo para lo contrario, para destruir parejas. También la virtualidad o la tecnología hace que todo lo que está escrito es una prueba en tu contra, los mail, los chats pueden servir para construir o también para destruir una relación. Acá está la prueba, el documento virtual es inapelable. Suma como resta. Más bien creo que produce más destrozos de parejas más que ayude a formar una pareja.

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