01 de febrero de 2017

Elizondo, la apuesta para la nueva conducción

El flamante director general de Arbitraje habló con Ovación sobre el proyecto que encabeza, al que consideró “abarcativo y ambicioso”. También hubo espacio para que opine sobre las reglas y la tecnología

Fútbol La foja de servicios de Horacio Elizondo tiene un punto de inflexión: Alemania 2006. Desde entonces es el referente más importante del referato argentino. Haber dirigido el partido inaugural y la final de aquel Mundial lo posicionaron en un pedestal inalcanzable para el común de los mortales. Hoy es el flamante director general de Arbitraje, área que reemplaza al Colegio y la Escuela de Arbitros. Todo quedó centralizado bajo su dirección. Trabajan con él los ex jueces Angel Sánchez, Saúl Laverni y Marcelo Habib. “Mirá, el diseño es grande, abarcativo y ambicioso”, se entusiasma el hombre que expulsó a Zinedine Zidane en la final de aquella Copa del Mundo cuando empieza a desmenuzar la inmensa estructura que ahora se apoya sobre sus espaldas. “Primero tené en cuenta que esta dirección tiene la responsabilidad de todo el arbitraje en Argentina, estamos dando los primeros pasos en formación y desarrollo, dividiendo el país en regiones con un responsable en cada una de ellas. Pero lo estamos armando y nos va a llevar tiempo. Vamos a designar un instructor responsable en cada una de las categorías, desde la primera hasta la D. También tenemos que armar una estructura que tiene que ver con las designaciones y las calificaciones. Todo el andamiaje de formación de instructores, de asesores y preparadores físicos también va a depender de nosotros. Estructuralmente ya dimos un paso muy importante y es que todo el arbitraje, que antes estaba dividido entre el predio de Ezeiza y la AFA, quedó centralizado en Ezeiza. Es para emprolijarnos, para organizarnos mucho mejor, para estar en contacto con todos los árbitros el mayor tiempo posible. Más allá de que los tenemos por todo el país, también estamos diseñando herramientas para estar comunicados constantemente. Ahora la tecnología nos permite estar en contacto con los árbitros que tenemos a mucha distancia de Buenos Aires. Casi todo a largo plazo aunque también haya cuestiones que necesitan resolución inmediata. Es un trabajo que tiene cuestiones inmediatas que ya empezamos a resolver y a diagramar. Por ejemplo, primera división y B Nacional van a venir a Ezeiza para tener un tratamiento netamente profesional. Los instructores ya están elegidos, sólo falta la aprobación. Ya realizamos las pretemporadas para los árbitros de ambas categorías, después vienen un par de días de capacitación para todos los instructores… Los primeros pasos ya los empezamos a dar. También hay aspectos que se irán tratando a mediano y largo plazo. Pero podemos decir que para lo menos urgente también ya empezamos a trabajar, por lo que a pesar de que será lo último que se incorpore, no estamos tan lejos. ¿Cómo van a trabajar la convivencia del árbitro con el entorno del fútbol que tantas veces es hostil con ellos? Tenemos gente de mucha experiencia en ese sentido. Sabemos cómo hacer para convivir con ese contexto futbolístico. El árbitro tiene que aprender a vivenciarlo. En las categorías de ascenso no hay tanta exposición, pero cuando llegás al ruido grande estás muy expuesto. Eso es todo un aprendizaje, tenemos pensado hacer un trabajo de coaching que comenzaremos a la brevedad. Estamos estableciendo principios de acuerdo con otras federaciones o confederaciones, por ejemplo la Unión de Rugby de Buenos Aires (Urba). Queremos ver cómo trabajan ellos y que ellos observen cómo lo hacemos nosotros y de esa manera intercambiar información. La idea es mejorarnos y potenciarnos mutuamente. También vamos a juntarnos más adelante con la gente de la confederación de hockey. Nos interesa mucho el rugby porque tiene una concepción distinta, está organizado desde otros valores. Al conservar parte de amateurismo tiene otro sentido vocacional. El profesionalismo mejora muchas cosas pero también te desmejora otras. ¿Creés que empeoró el arbitraje en los últimos tiempos? ¿El torneo de 30 equipos hizo que muchos árbitros quemaran etapas porque se necesitó más materia prima de golpe? No, al menos no es una excusa. Ese es un desafío, es a lo que te obliga el mercado. Te exige controlar más partidos y tener mejor calidad arbitral. Nosotros, que vamos a estar permanentemente en la formación, tenemos que hacernos cargo de eso. Necesitamos más calidad, un grupo más homogéneo de árbitros en cantidad y en calidad, hay que trabajar de una manera distinta. ¿Pero subir de 10 a 15 no obligó a exponer a algunos árbitros que todavía no estaban preparados? Un poco sí, pero no habría que apuntar todo ahí porque eso querría decir que en la segunda categoría no tenemos mucho tampoco y por consecuencia algo estaba fallando entonces. Es como que había un grupo de árbitros determinados, que no había cabida para otros proyectos y no había transición, ese es el punto. Hay un montón de ingredientes en el medio que también lo impidieron como esta cuestión conceptual de los gremios que tienen que dirigir en cantidades iguales por ejemplo, que también entorpeció este proceso. La idea no es trabajar con una lógica netamente política, si bien la política está y hay que respetarla, hay que usar también la lógica de la capacidad, del rendimiento, del desarrollo… Me parece que en la toma de decisiones tiene que haber un componente mixto. Habrá momentos en el desarrollo de todo un torneo para tomar decisiones más políticas, otros para que las decisiones sean más de contenidos técnicos y otros en las que podrán interactuar ambas. Creo que en los últimos tiempos faltó el componente técnico y de rendimiento para la toma de decisiones. ¿Tienen un plantel suficiente, hay vocación por el arbitraje o deben trabajar en la captación de futuros jueces? Hay, hay. En 2008 hice un desarrollo de programas de talentos revisando todo lo que había en cada una de las categorías. Hay que ponerlos en un programa con un monitoreo continuo y empezar a dar la posibilidad de que surjan nuevos árbitros. Ese va a ser otro de nuestros rumbos. Heredamos un plantel con una edad promedio muy elevada. ¿Por ejemplo? Tené en cuenta que el principal objetivo de un árbitro es llegar a internacional y para presentarlo no puede cumplir ese mismo año 38. Tomá esa base. En primera división la edad promedio que tenemos es de 42 años. Y vas a la categoría inferior y estás en 41 y bajás un poquito más y estás en 37 de promedio. Es por eso que estos primeros 6 meses de nuestro plan estratégico van a ser de mucha evaluación, porque indudablemente vamos a tener que producir bajas, que es algo que hace mucho tiempo que no se hace. Un tema complicado. Sí claro, todo el mundo lo quiere evitar, pero existe una gran acumulación y las categorías están taponadas y envejecidas, no permiten el paso. Esa desidia de muchas décadas de no tomar decisiones que quizás hubiesen sido paulatinas, más diagramadas estratégicamente y no tan dolorosas, nos obliga a tomar decisiones de este tipo. Veremos cómo se producen esas vacantes. Porque el gran público mira primera división, pero tenés casos de árbitros en la B Metropolitana, en la C o en la D que tienen entre 40 y 44 años y hace 10, 15 o 20 años que están en esa categoría. La primera conclusión que sacás es que algo pasó. Analizaremos qué cantidad de bajas se deben producir, las haremos secuencialmente, me parecería muy torpe hacerlas todas juntas desde el punto de vista humano y también de rendimiento. No puedo sacar 40 de golpe porque no tengo esa cantidad para reemplazarlos. En un semestre serán 10, en otro semestre 10 más… Esperemos encontrarle la vuelta. (Nota de la R: los primeros movimientos fuertes comenzaron en el inicio de esta semana con las cesantías de los ex árbitros Carlos Maglio, Gustavo Bassi, Abel Gnecco y Alejandro Toia). Antes mencionabas las cuestiones políticas, ¿cómo podrían compatibilizarse las sanciones de los árbitros con las penas siempre más débiles del tribunal? Nosotros nos tenemos que remitir a las decisiones que tomamos en el campo de juego. Si a nosotros nos pareció una amarilla o una roja, listo y a otra cosa. La cantidad de fechas que le den a un jugador o no tiene que ver con otro órgano que es el tribunal de disciplina y los árbitros no tienen que estar pendientes de eso. El árbitro tiene que estar pendiente del partido que va a dirigir, de tomar las decisiones correctas y cumplir con el rol que le corresponde lo mejor posible. Lo otro es decisión de otro estamento. Yo no soy de los que creen que tenemos que estar pendientes de cómo son las sanciones después de nuestras decisiones. Señores árbitros, miremos lo que ocurre dentro del campo de juego que bastante nos cuesta y tratemos de hacer bien nuestro trabajo. Sacarlos de ese microclima que no los beneficia. Totalmente.

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