26 de enero de 2017

Contra la abulia del futbolero

En verano el futbolero se aburre. Como no hay torneo oficial siente como que le cortan las piernas.

En verano el futbolero se aburre. Como no hay torneo oficial siente como que le cortan las piernas. Y entonces la pregunta es: “¿Qué hace por estos días quien lee, escucha y transpira fútbol las 24 horas?”. El jugador Eber Carlos Ludueña le contestó esta y otras preocupaciones a Ovación. “Y…el hombre extraña al fútbol en verano, por eso es capaz de ver un partido de la segunda liga de Chipre, porque realmente extraña. Claro que AFA, con su cronograma, ha ayudado a sobreponer al futbolero. Fijate que puso como última fecha del torneo pasado a Temperley-Unión, un partido tan feo que hace que uno no extrañe tanto y tolere ver equipos con jugadores noveles y desconocidos: no juega el hijo de Simeone… juega el nieto… pero se le da tanta manija que el futbolero lo ve igual”.
Eber Ludueña es como tantos fanáticos del futbol. Su biografía dice que nació un 4 del 4 y jugó siempre de 4. Es un lateral derecho aguerrido, rústico y con tan poca proyección que cruzó apenas seis veces la mitad de la cancha; cuatro en jugadas y dos para buscar las canilleras que se le habían caído. No convirtió nunca (dice que sólo “convirtió” el motor de su Dodge a GNC). Entre el 73 y el 89 acumuló apenas 230 minutos en cancha, debutó en la tercera de Ferro con 26 años gracias a su “movilidad”: el técnico lo incluyó en el equipo para que traslade a una parte del plantel en su Rambler Ambassador. Fue relacionado con varias figuras del espectáculo: Silvia Peyroú, Katia Iaros y hoy vive un romance con Olga, la vecina que le presta el teléfono. Su mujer lo dejó por el preparador físico, pero él la perdonó y la siguió viendo por la cuota alimentaria, que ella le sigue pasando. Por un accidente automovilístico dejó el fútbol de joven y luego fundió un negocio de ropa deportiva Di Porto y un parripollo. Hoy trabaja en la televisión para bancar el colegio de su hijo Eber Vicente (como Vicente Pernía). Machista, canchero, fanático y con argumento para todo, tira acá algunos centros, para sobrellevar la abulia estival.
¿Tan difícil es pasar
el verano, entonces?
Y sí. Fijate que los periodistas te hacen una novela de las posibles ventas. Tevez a China, por ejemplo. El futbolero sigue el tema día a día, pero llega un momento que no sabe si Tevez se fue o si la China Suárez viene a Boca a jugar de 9.
¿Qué opina del estado
de los campos de juego
tras el temporal?
Terrible, pero mire, yo he jugado mucho en el ascenso y he pasado por distintas canchas, con pasto muy alto como la de Crucero del Norte, donde una vez perdimos a un wing bajito, habilidoso y escurridizo, que se tiró sobre la punta derecha y ya no lo pudimos encontrar, hasta que cortamos el pasto. Hay canchas muy difíciles ,como la de la vereda vainilla que le da un pique endiablado e indescifrable a la pelota. Pero hay otras, como la del Kempes en la final de la Copa Argentina o la de costa atlántica, donde jugaron charrúas y salaítos, que viene ranqueando como las número uno entre las más difíciles para jugar este hermoso deporte.
¿No cree que en el futbol de hoy es un espectáculo aparte la coreografía de los jugadores en la celebración de los goles?
Para mí, un jugador de los 70 y los 80, no va la coreo en el gol. Lo máximo en mi época era besarse el escudo, la camiseta. Después empezó esto de besarse el anilllo, “se lo dedico a mi mujer”; de ponerse la pelota bajo la remera, “mi mujer está embarazada”; me echo agua en la frente, “mañana bautizo al primogénito”. Particularmente prefiero que los jugadores ensayen la pelota parada y el córner en segundo palo que la coreografía de Village People, porque te hacen un gol y te das cuenta que al 8 de ellos no lo marcó nadie…
¿Cómo viviría usted que
su hijo Eber Vicente
cambie de club y camiseta?
No lo permitiría, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Menos que se haga del clásico rival. Le aclaro que una vez lloré por tener que usar otra camiseta. Fue cuando jugaba en Douglas Haig; Mabel, por entonces mi esposa, me lavó la camiseta blanca alternativa con unas medias rojas. La camiseta quedó rosa aputazada, triste. Y en el vestuario lloré.
¿Qué opina de la infidelidad
en el fútbol?
Como dice Luis Rubio en sus monólogos (*), en el fútbol hay tensión sexual: un jugador de futbol, la noche previa al debut, está más nervioso que el mejor amigo de Icardi. Pero si usted me pregunta por los códigos le digo que hay uno que se dice que se respeta a rajatabla: el de no abordar a las hermanas de los jugadores. Aunque si me pregunta a mí le digo que depende de cómo está la hermana, porque a algunas les dicen Lavezzi…”la ves y te ponés a llorar”.
¿Le gusta el futbol femenino? ¿La ve a Olga, su mujer, en la cancha?
Olga pisa los 50 años, no es de la época del fútbol femenino. Creo que ya es un poco tarde para que ella incursione en la cancha, de todas maneras la veo como un gran número 5, un volante tapón: por su fisonomía y la autoridad sería como la “Jefecita”.
Sus datos marcan que
usted jugaba de 4, ¿quién
le encontró el puesto?
Timoteo Griguol. Una vez me dijo. “Encontré su puesto en la cancha, Eber, el puesto de choripanes, vaya, atiéndalo y me vende algunos y con eso cubrimos una parte del sueldo”.
(*) Eber Ludueña. Es el personaje del actor rosarino Luis Rubio. El humorista ganó cinco premios Martín Fierro por su labor cómica y humorística. Condujo en televisión los programas “Demoliendo Teles”, “El ojo crítico” y “El puntapié final”, por donde pasaron figuras relacionadas al fútbol. Los sábados de febrero se presentará en el teatro La Comedia con el unipersonal “Soliloquios”, donde también hablará de futbol. @ eber.luduenia

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